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Lecciones de la huelga de los metalúrgicos gallegos

Viernes 14 de agosto de 2009, por Robert Paris

Lecciones de la huelga de los metalúrgicos gallegos

PRT-IR - ESPAÑA

Escribe: Roberto Laxe (PRT-IR de Galicia)

Por la importancia que tuvo, y tiene, la huelga de los metalúrgicos de Pontevedra en la clase obrera gallega, tenemos que hacer el esfuerzo de llegar a algunas conclusiones, pues es una huelga histórica. Además de eso, tenemos que recordar que, para noviembre próximo, comienza la negociación del convenio de los metalúrgicos del resto de Galicia, y, según las declaraciones del dirigente metalúrgico Antolín Alcántara, la posición de un sector de la CIG [central sindical gallega] es la de avanzar hacia unificación de las negociaciones del convenio.

En primer lugar, y desde la distancia, el levantamiento de la huelga por la CIG fue fruto del cansancio de los trabajadores tras 27 días de huelga, y, sobre todo, una división sindical que venía anunciada desde la huelga general del metal del 30 de junio, convocada solamente por la CIG, que hizo frente al levantamiento intempestivo por parte de CCOO [Comisiones Obreras, central sindical nacional influenciada por el PCE]. Éste fue un momento clave, en el que los trabajadores derrotaron la maniobra de la burocracia de CCOO de terminar de mala manera la huelga en aquel momento, y que reforzó a la CIG.

Los trabajadores del metal de Pontevedra dieron una lección de combatividad, de métodos democráticos y de firmeza en la lucha, pero se encontraron con un aislamiento casi total de las fuerzas de la izquierda, especialmente el BNG [Bloque Nacional Gallego] y la UPG [Unión del Pueblo Gallego]. Se puso en evidencia que esta lucha tenía "dirigentes pero no dirección". Sus dirigentes actuaron aislados, sin una organización que diera un respaldo, y sin una orientación estratégica.

La huelga tuvo que afrontar el "juramento" de lealtad del conjunto de la patronal (la "asamblea" de 2.500 empresarios, en Vigo, después del asalto obrero a la Cámara de Comercio), la política combinada de la Xunta [gobierno regional de Galicia] y el gobierno central (los "negociadores"), la toma policial de Vigo (1.000 policías, el despliegue de fuerzas policiales en Compostela, durante la marcha metalúrgica, fue "espectacular"), la brutal campaña de criminalización por parte de los medios (La Voz de Galicia llegó a pedir la enjuiciamiento de los dirigentes sindicales si "no condenaban la violencia", lo que ya comienza a ser un recurso recurrente para criminalizar las luchas), la ambigüedad permanente de CCOO y UGT [Unión General de Trabajadores, central sindical nacional influenciada por el PSOE], siempre al borde del levantamiento de la huelga, y el aislamiento, cuando la CIG convocó a la solidaridad en Ferrol y CCOO y UGT dijeron que no, porque el convenio no les afectaba; y el silencio absoluto del BNG y la UPG, silencio que se convirtió en boicote a la Marcha la Compostela: sólo la CIG de Ferrol envió un autobús (de Compostela y de Coruña no fue nadie, salvo honrosas excepciones).

El único momento en que sí se rompió este aislamiento fue el Manifiesto de los Intelectuales, firmado por Pérez Esquivel, Bordes y otros, leído delante de los trabajadores y trabajadoras, además del envío de comunicados de solidaridad a nivel estatal e internacional.

Estas condiciones de aislamiento casi total por parte de todas las organizaciones políticas institucionales, además de la actitud pasiva de la inmensa mayoría de la llamada "izquierda independentista", marcan un cuadro dramático para los trabajadores y las trabajadoras. Y aún así, fueron capaces de mantener la huelga 27 días, hacer retroceder a la patronal, que no impuso sus objetivos de congelar los salarios y terminar con la beca de trabajo. Además, incluso en estas condiciones, si quiere firmar un convenio, tiene que hacerlo respetando la beca y el aumento de los salarios. Pase lo que pase, los trabajadores ganaron algunas cosas.

Pero el aislamiento tuvo sus consecuencias: la lucha entra en una situación de impasse, no hay un vencedor claro y todo queda para el próximo convenio. salvo que se dé la situación de que la negociación de los convenios de los trabajadores del metal en el resto de Galicia resulte en una movilización de todo el sector. A esto tenemos que apostar.

Evidentemente, ni CCOO ni UGT, ni seguramente la mayoría de la CIG, están en esta tarea. Pero es una gran oportunidad para avanzar en la lucha por convenios dignos, la unidad de los trabajadores del metal en toda Galicia, detrás de su vanguardia, los metalúrgicos de Pontevedra.

Hay otro elemento que para nosotros es central: la afirmación de que fue una huelga "con dirigente, pero sin dirección". Alcántara fue el dirigente de la lucha, un sindicalista que se apoya en la movilización de las masas, y esto es muy progresivo. La huelga sobrevivió gracias a su política. Pero, como se dice, "no sólo de política vive el hombre". Si no se tiene una organización que apoye en la sociedad y en el resto de la clase obrera, que extienda la solidaridad, que esté a la búsqueda de apoyos concretos y la extensión de la lucha; , una huelga del calado de la que hablamos, el "dirigente" se convierte en "un corcho flotando en la marea" que la lucha provoca.

Esta huelga demuestra que, para ganar en estas condiciones de crisis, en la que la patronal y sus gobiernos están juramentados para rescatar al capital de su crisis, de imponer una derrota ejemplar a la vanguardia de la clase, es imprescindible una organización que, partiendo del respeto absoluto a los métodos desarrollados por los metalúrgicos, dé democracia obrera, dé firmeza y combatividad, tenga como eje para la victoria el desarrollo de la movilización obrera, dé la solidaridad en el conjunto de la clase.

La experiencia demuestra que esto no surge de la nada. Las direcciones de CCOO y UGT dejaron claro lo que son, cuando desde la CIG Ferrol convocaron a las movilizaciones de solidaridad en los astilleros de la ciudad, no dieron su apoyo "porque era un convenio de la provincia de Pontevedra" que no les afectaba. EL BNG y la UPG, direcciones de la CIG, no movieron un dedo y abiertamente boicotearon la Marcha la Compostela, además de que un sector del BNG, el alcalde en funciones de Vigo, se delimitó de ella. Y el papel de la extrema izquierda, los independentistas, se limitó a declaraciones obreristas y, como mucho, al apoyo moral, pero sin ninguna actividad de solidaridad en las calles, lo que hubiese llevado la lucha fuera de las "fronteras" de la provincia de Pontevedra.

Esta es la principal lección de la huelga de los trabajadores del metal: en las condiciones actuales de ataque a las conquistas de los trabajadores y las trabajadoras, bajo el manto de la crisis, sólo es posible ganar con una organización política que, conscientemente, apueste a una lucha obrera y social, por la extensión solidaria de la huelga, por la organización de la misma en comités de apoyo, y una orientación coherente frente a las políticas de los gobiernos y la patronal. Resolver esta contradicción tiene que ser nuestro objetivo en el futuro. La huelga puso sobre la mesa la necesidad de reagruparse y organizarse. Las duras batallas que vienen exigen la construcción del movimiento social contra la crisis, y el reagrupamiento de unas corriente sindical de izquierdas.

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