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Egipto - La Revolución árabe en peligro

Jueves 10 de febrero de 2011

La Revolución árabe en peligro

Martes 08 de Febrero

Un poderoso proceso de movilización sacude a Egipto. La economía está paralizada, y las Fuerzas Armadas, centro de sustentación del régimen de Mubarak, no tienen condiciones políticas de reprimir a los manifestantes de forma generalizada. Sin embargo, las negociaciones entre el régimen de Mubarak y las fuerzas burguesas de oposición amenazan interrumpir el proceso revolucionario, con el apoyo del imperialismo estadunidense y europeo.

Frente a la profundización de la movilización revolucionaria que paraliza el país, el gobierno de los Estados Unidos pasó a defender una transición "democrática" con la realización de elecciones incorporando a los partidos burgueses que hoy están en la oposición, incluyendo la Hermandad Musulmana. Esta posición fue expresada por el propio presidente, Barack Obama, y por la secretaria de Estado, Hillary Clinton, en los últimos días.

El objetivo del imperialismo norteamericano es realizar pequeños cambios ampliando la base de sustentación del régimen, a fin de mantener sus aspectos esenciales: la integridad de las Fuerzas Armadas y el papel de principal agente del imperialismo en el mundo árabe, particularmente, el mantenimiento de los acuerdos políticos con Israel.

A la vez, Obama e Hillary Clinton criticaron los ataques de bandas pro-Mubarak a manifestantes y periodistas. Temen que esos ataques lleven a una radicalización del proceso revolucionario, con la generalización de grupos de autodefensa popular y rupturas en la base del Ejército.

Fiel al imperialismo estadounidense, el vicepresidente Omar Suleiman, por su parte, convocó una reunión con los partidos burgueses de oposición para proponer el inicio de una “transición democrática”. Esto se daría con la formación de un consejo para reformular la Constitución de forma de limitar o extinguir las leyes de excepción, y facilitar el reconocimiento de los partidos políticos, que actualmente necesitan ser aprobados por el régimen para poder participar de las elecciones. Ninguna palabra sobre la salida inmediata de Hosni Mubarak, el odiado dictador egipcio, así como otras reivindicaciones populares. A la vez el gobierno anunció un reajuste salarial del 15% a partir de abril para todos los funcionarios públicos.

Mohamed El Baradei y la Hermandad Musulmana no aceptaron la propuesta, pero están comprometidos con el proceso de negociación con el régimen. Buscan preservarse como alternativas burguesas si el régimen no consiga congelar el proceso revolucionario.

Ya en las calles sigue la movilización. El domingo, 6 de febrero, cerca de 500.000 personas se manifestaron en la Plaza Tahrir, centro de las movilizaciones. Hay un proceso de organización por la base para garantizar la ocupación de la Plaza por los manifestantes. Son miles de trabajadores, jóvenes y gente del pueblo que traen alimentos y tiendas, impidiendo a las Fuerzas Armadas de liberar el tráfico en las avenidas que cruzan la Plaza.

La revolución está en una encrucijada. Por un lado, sectores mayoritarios de la burguesía egipcia se unifican con la cúpula del Ejército para implementar el plan de los Estados Unidos de transición "democrática", sin cambios significativos en el régimen político y económico, y tampoco en el papel de agente imperialista en la región. Por otro lado, las masas populares mantienen las movilizaciones y discuten su profundización para derribar a Mubarak y al régimen político.

La posibilidad de victoria del pueblo trabajador y de la juventud consiste en mantener y profundizar las movilizaciones, dividir la base de las Fuerzas Armadas y centralizar las organizaciones de la juventud, los comités de defensa de los barrios y los sindicatos independientes, para crear un poder alternativo de los trabajadores y del pueblo pobre. Esto, en camino hacia un gobierno obrero y popular que lleve la revolución hasta el fin para garantizar alimentos, empleos, salarios, libertades democráticas y la necesaria ruptura con el imperialismo e Israel, con la anulación de los acuerdos diplomáticos y la apertura de la frontera con la Franja de Gaza.

Las manifestaciones de solidaridad en todos los demás países, denunciando los planes del imperialismo estadunidense, apoyado por los aliados imperialistas europeos, también son vitales para la victoria de la revolución. Es necesario exigir de todos los gobiernos la inmediata ruptura de relaciones diplomáticas, políticas, económicas y militares con el Egipto.

¡Ninguna confianza en las negociaciones!

¡Ninguna confianza en las Fuerzas Armadas!

Profundizar las movilizaciones en el camino de un gobierno obrero y popular, que atienda las reivindicaciones y rompa con el imperialismo.

Escrito por LIT-CI


La negociación entre grupos de oposición y el vicepresidente Omar Suleimán generó especulaciones de todo tipo. Sin embargo, la ecuación básica pareció desaparecer en la mayoría de los análisis. Los auto-titulados “hombres sabios”, partidos de la oposición y la Hermandad Musulmana, sólo se sientan ahora a la mesa de negociación debido a una tremenda rebelión, que amenaza el poder. El poder negocia porque quiere parar la revuelta. Los negociadores de la oposición, por lo tanto, tienen que conseguir, como contrapartida, parar las protestas. O ellos son capaces de hacer esto directamente o esperan contar con su gradual debilitamiento.

Intrigado por esa matemática, volví a la plaza este lunes (7/02). Una extensión amplia de barracas y lonas estiradas daba la impresión de una presencia persistente. Pero aún quedaba la duda si, con el sol más alto, la plaza llegaría a llenarse: no era día santo y muchos tendrían que retomar su ritmo habitual, con el comercio y los servicios funcionando. Por el mediodía, el flujo aumentaba con la primera grande oración. Y hasta el final de la tarde el volumen de manifestantes alejaba el riesgo de retroceso.

Sin embargo, había otro elemento esencial: ¿los manifestantes aceptarían la propuesta? Con guantes médicos, en una barricada, el estudiante de medicina Mohammed Laban pareció concordar: “Si hubiera personas nuestras en la transición, aceptaría”, afirmó, sin importarle incluso dejar a Mubarak algunos meses más. “Él es un fantasma, cuando acabe su mandato se evaporará y estará muerto para el pueblo egipcio”, garantizó. Pero acordó: “Las personas que negocian por nosotros tienen que saber que odiamos a la policía y al dictador.”

Esta declaración contrasta con todas las franjas, cantos, expresiones de rabia y revuelta contra Mubarak. La plaza continuaba hirviendo de agitación espontánea, viejos haciendo discursos inflamados, padres y madres cargando carteles con las fotos de sus hijos mártires, jóvenes en todos los lugares preparando carteles con frases creativas, grupos de teatro con sátiras al dictador, “el último faraón”.

“¡Nadie aquí va a negociar en nuestro nombre, si no fuera sólo después que Mubarak caiga!”, gritó indignado Sherif Mickawi, dirigente del grupo estudiantil del Movimiento 6 de Abril y también del grupo Keffayah (¡Basta!). Yo insistí, preguntando qué podría suceder si él cayese: “Todos es posible, todo es posible.”

Eran perspectivas mejores, pero no bastaron. Aún poco acostumbrado a un acto sin banderas de partidos ni panfletos de cada grupo, me inquietaba también la aparente ausencia de un grupo de dirección. Si el vacio de poder no existe en el Estado, mucho menos existiría en una movilización de masas amenazada por aquél.

Y fue por ese raciocinio que recibí una bronca de Ola Shahba, una joven que forma parte de la Coalición de la Juventud de la Revolución (que reúne seis grupos de juventud): “Estamos hace un mes y medio en reuniones semanales, y diarias desde que vinimos a la plaza. Somos nosotros los que llamamos a todo esto. Los que organizamos el sonido de este escenario, los que creamos las brigadas para limpieza, provisiones y atención médica” Había dirección, estaba claro. Y sobre su poca aparición en el debate sobre la transición: “No nos interesa aparecer o negociar mientras Mubarak no caiga”, fue la respuesta decidida.

En lo que dependa de las masas allí reunidas, por 14 días consecutivos, Ola será atendida. Y otros partidos de la oposición que intentan hablar en nombre del movimiento tal vez también tengan que reconocer ese mensaje. Hoy, el Partido Nasserista fue el primero a retirarse de la mesa de negociación. Otros lo seguirán, al descubrir que no pueden entregar “el pescado que vendieron”.

Aún no satisfecho con el material de ese reportaje, conecté, poco antes de cerrar, con un dirigente del Movimiento 25 de Enero, que también integra la Coalición. “Hay 1 millón y medio de egipcios en la plaza, diciendo una única y simple cosa, ¿y tú quieres oír a 5 que están en una mesa de negociación?”. Tras la última bronca del día, me dijo que el viernes la Coalición tendría novedades para el mundo.


Los sabios y la sabiduría de la plaza Escrito por Luis Gustavo Porfírio - PSTU Miércoles 09 de Febrero de 2011 17:13 Moatez Ed-Din es un farmacéutico egipcio que dejó su empleo en EEUU y vino a engrosar el caldo humano en la plaza. Cuando lo conocí en el avión para El Cairo, él hizo que el empleado de Lufthansa me copiase una hoja con algunas medidas que harían las cosas diferentes. Al reencontrarlo en la plaza Tahrir, él seguía firme divulgando su programa: “Cuando Mubarak caiga, todos van a querer un pedazo”, alertó sobre la división del poder. Teme una nueva dictadura y, por eso, quiere que la transición sea decidida ahora: “Ahora mismo”, reafirma.

Pero ¿cómo puede ser resuelta la transición? ¿Y quién puede hacer eso? “El próximo gobierno tienen que ser ellos”, me dice Muhammad Fathi, abogado, apuntando a la masa de gente de la plaza. He preguntado a las personas como esto puede ser decidido. Moatez, mi amigo del avión, por ejemplo, sueña con una consulta pública en la plaza.

Este domingo, no era sólo la plaza que volvía a llenarse, sino también los palacios. El “Comité de los Hombres Sabios” se reunió para declarar que acepta el vicepresidente Suleimán en la transición, hasta septiembre. Entre los sabios están Amr Moussa, secretario-general de la Liga Árabe, propuesto en ese cargo por Mubarak, y ex-ministro del Exterior; intelectuales y empresarios multimillonarios. La reunión con Suleimán incluyó a la Hermandad Musulmana que, como los demás participantes de la reunión, acordó con Suleimán una comisión para proponer cambios en la Constitución. El-Baradei no fue, pero un representante suyo ha negociado con Suleimán.

Todo este movimiento palaciego está bastante animado, pero siempre algo puede estropear la fiesta. De pie sobre una lona en la calzada en la plaza Tahrir, este espíritu se encarna en Zaki khelfak, director de cortometrajes que lanzó el Comité de Artistas por la Revolución, para estimular la expresión artística de los manifestantes: “Nuestro arte es para las personas queden en la plaza y manden su mensaje al gobierno”, avisa.

Lo felicito y salgo, olvidándome de preguntar de qué mensaje está hablando. Antes que quemara mis credenciales de periodista, un chico de 20 años me aborda, en un inglés escaso, preguntando si estoy haciendo un reportaje. “Escriba ahí: ¡No queremos ninguna persona que trabajó para Mubarak!”

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